Por Saúl Emir Ramírez Quesada*
Desde la formulación de la doctrina Monroe, a principios del siglo XIX y que fue resumida con la expresión de “América para los americanos” se trazó el destino de América. Desde ese momento, la naciente potencia de los Estados Unidos de América determinó que su área de influencia por antonomasia serían los territorios que componen el continente americano.





